Poemas que dan Ganas de Viajar

Letras que giran al compás del tiempo. Versos que se funden con el mar. Tardes magentas para aves migratorias. Hay poemas que nos elevan, nos encuentran (con su mensaje en una botella) o nos empujan a dar un paso más hacia nuestra próxima aventura.

Texto: Maria Crespo

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DIARIO DE UNA POETA… – LOLA CRESPO

(A Fermi Crespo)

Estaba la mañana despeinada

de todos aquellos colores inacabados

que duraban lo que el parpadeo de un recuerdo

escrito a tiza sobre la acera de la infancia.

Casi madrugábamos más que los pinos

para vestirse de verde

y con el sueño a cuestas hacíamos un nido para siempre con las sábanas blancas pegadas al alma.

“Puede que no hayan traído aún el mar”,

nos decía, antes de que llegáramos a la orilla

y comprobáramos que el azul

dejaba de ser una incertidumbre poética

para convertirse en el ahogo de todos los males,

aún desconociendo el nombre exacto de las cosas.

De la mano, con unas pocas palabras,

construimos tardes magentas para aves migratorias,

y con los hombros quemados de felicidad

nos terminaba por dormir la noche,

como el agua a la memoria.

“Casi incoloros, los colores 
parecen de cristales”. ¿Verdad?

Anda, Platero…

Mira los lirios que nos han crecido

entre pelusas.

Incluido en Gramática Malva, Ed. Voces de Tinta.

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Los atardeceres más saludables

Corbis

SE PUEDE VIVIR EN NIDOS… – PEDRO SALINAS

Se puede vivir en nidos,

como las aves querrían.

Se puede vivir en pechos

como quieren

acabar las violetas

y los amores impares.

Se puede vivir en llamas,

cuando se quema un papel

y ya no quedan palabras

sino luz resplandeciente.

Se puede vivir, también,

a veces viven las vidas,

bajo los techos, en casas,

o en veletas, como el aire.

Pero nosotros vivimos

un día dicha sin nidos,

sin techos y sin veletas.

Viviéndola

en un color verde,

en un color verde sobre ruedas.

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Charco de los Clicos o Charco verde (Lanzarote, Islas Canarias)

Corbis. Texto: Marta Sader

TAKE THE ‘A’ TRAIN – BEN CLARK

Viajémonos inmensos hasta dolernos juntos,

abajo y más abajo

donde lloran las rocas donde el eco

de los gritos no vuelve en una vida,

a la caverna obscura del amor,

donde las criaturas se devoran,

donde hay musgo que brilla en la humedad,

donde suenan las gotas, siempre lejos,

donde ya no conozcas ni el porqué ni el propósito

del descenso, viajémonos

con el primer afán de los imperios:

no hay sitio ya en el cielo de hormigón;

no hay nada al otro lado del océano,

todo es una ciudad o una ruina.

Baja entonces conmigo hasta nosotros,

hasta el fondo sin fondo que ya intuyes

ahora en este tren,

mientras me miras lenta

decidiendo si debes revelarme tu nombre.

De Los últimos perros de Shackleton (Editorial Sloper, 2016).

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El tren cremallera más largo de España está en Girona

VIAJE SIN LLEGADA – GLORIA FUERTES

La Tierra como león enjaulado

da vueltas alrededor del Sol

con su cadena de hombres.

Desde que hemos nacido viajamos

a ciento doce mil kilómetros por hora.

La Tierra no se para

y sigue dando vueltas,

por eso hay tanto viento,

por eso siempre hay olas,

por eso envejecemos tan deprisa,

por eso estamos locos,

porque toda la vida haciendo un viaje sin llegada

cansa mucho los nervios.

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Muy pocos se atraven con las olas de Nazaré

Corbis

FE DE VIDA – ANTONIO COLINAS

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)

sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas).

Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,

el aroma del azahar, la noche de orquídeas

en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa

y no regresa; quedar

esperando a que el cielo amarillo

arda y se limpie de relámpagos

que llegarán saltando de una isla a otra isla.

O contemplar la nube blanca

que, no siendo nada, parece ser feliz.

Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,

sobre las olas que pasan,

como un remo perdido.

O seguir, como los delfines,

la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,

que se adormecen entre narcisos y faros.

Dejadme, no con la luz del conocimiento

(que nació y se alzó de este mar),

sino simplemente con la luz de este mar.

O con sus muchas luces:

las de oro encendido y las de frío verdor.

o con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,

que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,

a los días tensos, a las ideas como cuchillos.

Ser como olivo o estanque.

Que alguien me tenga en su mano como a un puñado de sal.

O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma

para que el corazón —al fin— pueda ver.

Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.

Dejadme compartiendo el silencio

y la soledad de los porches,

la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme

con el plenilunio de los ruiseñores de junio,

que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.

Dejadme con la libertad que se pierde

en los labios de una mujer.

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Playa de Berria en Santoña (Cantabria)

Nicolás Pérez / Creative Commons

BOTELLA AL MAR – MARIO BENEDETTI

Pongo estos seis versos en mi botella al mar

con el secreto designio de que algún día llegue a una playa casi desierta

y un niño la encuentre y la destape

y en lugar de versos extraiga piedritas

y socorros y alertas y caracoles.

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Mario Benedetti junto a su mujer Luz el uno de enero de 1997 en su apartamento de Montevideo

Corbis

EL INSECTO – PABLO NERUDA

De tus caderas a tus pies

quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas, son

de color de avena, tienen

delgadas huellas

que sólo yo conozco,

centímetros quemados,

pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.

No saldré nunca de ella.

¡Oh, qué musgo gigante!

¡Y un cráter, una rosa de fuego humedecido!

Por tus piernas desciendo

hilando una espiral

durmiendo en el viaje

y llego a tus rodillas

de redonda dureza

como las cimas duras

de un claro continente.

Hacia tus pies resbalo,

a las ocho aberturas

de tus dedos agudos,

lentos, peninsulares,

y de ellos al vacío

de la sábana blanca caigo,

buscando ciego y hambriento

tu contorno de vasija quemante!

El insecto, Los versos del capitán (1952)

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Pablo Neruda lee un poema en la radio

Corbis

BOSQUE – ANGEL GONZÁLEZ

Cruzas por el crepúsculo.

El aire

tienes que separarlo casi con las manos

de tan denso, de tan impenetrable.

Andas. No dejan huellas

tus pies. Cientos de árboles

contienen el aliento sobre tu

cabeza. Un pájaro no sabe

que estás allí, y lanza su silbido

largo al otro lado del paisaje.

El mundo cambia de color: es como el eco

del mundo. Eco distante

que tú estremeces, traspasando

las últimas fronteras de la tarde.

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Bosque de Casentinesi

Corbis

ANDANDO – JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Andando, andando.

Que quiero oír cada grano

de la arena que voy pisando.

Andando.

Dejad atrás los caballos,

que yo quiero llegar tardando

(andando, andando)

dar mi alma a cada grano

de la tierra que voy rozando.

Andando, andando.

¡Qué dulce entrada en mi campo,

noche inmensa que vas bajando!

Andando.

Mi corazón ya es remanso;

ya soy lo que me está esperando

(andando, andando)

y mi pie parece, cálido,

que me va el corazón besando.

Andando, andando.

¡Que quiero ver el fiel llanto

del camino que voy dejando!

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Caminar, caminar, caminar…

Corbis